Los ojos mirando hacia abajo, ambos, atentos. Mano firme. El golpe. Como un rayo se para la mirada. Ahí está. Otra vez. Deseándola. Más sueños. De vuelta a la noche consume más sueños. Cómo hacer para no morir y renacer? Un cigarro y otro. Sólo se muere una vez. Y así fue, dijo, gritó: no consigo la muerte sino estoy vivo, y no lo estoy; una parte más de aquello que comenzó a expandirse, y así voy viaja en mí la expansión. Y pasará y quizá es ahí donde confundido busco la muerte.
Nuevamente la mirada baja. Ambos ojos se precipitan. Y allí quedan. Casi a la espera de otro golpe, grito.
domingo, 16 de mayo de 2010
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tengo dentro de mí un lago solitario que se nutre a si mismo, pero el río de mi amor se lo lleva hacia el mar.
Asi habló Zaratustra
Asi habló Zaratustra
